lunes, 3 de septiembre de 2012

En Busca de un Liderazgo Olímpico: 5 enseñanzas que le deja el TaeKwondo a las Organizaciones


Viendo la demostración de capacidades hechas por Sebastián Crismanich en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, no puedo menos que mencionar algunas de las coincidencias entre lo que brinda el Taekwondo y lo que veo continuamente que las organizaciones precisan.


Las 5 enseñanzas

Te enseña a prepararte, mental y físicamente para dejar tu huella, lo que te recuerda un propósito elevado, superador de obstáculos mínimos. Prepararse para el éxito se traduce en la práctica a ser testigo continuo de cambios de estado actitudinales, corporales y espirituales, lo que disminuye tus miedos, oxigenando tu voluntad. Domina tu voluntad, escucha más a tu corazón que a tu cabeza, que esta última siempre tratará de ir a lo seguro, segundo a segundo. Para el corazón el tiempo pasa más de prisa y está más dispuesto a arriesgarse. Síguelo, ahí está la pasión, lo que convierte a gente común en personas extraordinarias. Y si alguna vez el corazón calla también, busca un ejemplo, de alguien a quien admires, de ese ‘alguien’ en quien te puedas reflejar. Y sigue. No te detengas. Verás cómo le vuelve la ‘voz’ a ese corazón, antes de que puedas notarlo.

Te enseña a tener valor de ir un poco más allá. Porque allá, ahí afuera, en la arena competitiva – no en tu oficina, casa o sector – es donde pasan las cosas, donde te pruebas, donde puedes sacar lo mejor de ti, y creces un centímetro más, profesionalmente. Allí está el Sentido, no en tu zona cómoda. Esto te recuerda que había un lugar donde alguna vez te animaste a sonar que llegarías. Por eso, ten el valor de recrear día a día tu imagen interna, repensando la arquitectura de tus hábitos, creencias y fronteras, de manera de ir zigzagueando, de a una, las barreras que te impiden dar un paso más. Luego míralas a los ojos y toma tú el control. Contagia eso en tu equipo, clientes y colegas. Lo necesitan más de lo que te imaginas.

Te enseña a luchar por un objetivo, por lo que crees, no por una medalla. Posiblemente la medalla es lo que quieren otros de ti. Esto te recuerda que la medalla es la consecuencia de un proceso bien pensado, un esfuerzo diferente y una estrategia inteligente. El efecto de preguntarte cosas que la mayoría no se atreve a preguntarse. Como es común, la gente verá la ‘medalla’, pero el único que en definitiva será capaz de replicar un proceso de excelencia será aquel que lo ha diseñado y transitado. Tu eres esa persona y, por simples matemáticas, cuantos más procesos y rutinas de excelencia diseñes e implementes, más rápido llegará la ‘dorada’ (eso que algunos llaman ‘suerte’).

Te enseña a caerte y levantarte, lo que te recuerda que eres humano, pero que no puedes mantenerte en el piso mucho tiempo y que menos puedes dar esa ventaja a tu oponente, faltando poco para el final. Tu dignidad te implora que recuerdes que lo importante será, al culminar cada proyecto, poder sonreír con dignidad, a partir del orgullo personal que te da el saber que diste todo para lograrlo. Cada vez que te levantes, tu autoconfianza se eleva por sobre el promedio y, automáticamente, construye un nuevo blindaje hacia trivialidades emergentes, que ya no podrían impactar en tu tejido más profundo, en tus impulsores más intensos.

Te enseña a agradecer a tu equipo, lo que te recuerda que debes dar las gracias más seguido: haz este ejercicio: mira a tu alrededor y observa (o visualiza) a aquellos que te ayudaron a conseguir tu éxito, grande o pequeño, trascendente para otros o sólo para ti mismo, y agradéceles. Pero un consejo: hazlo frente a un espejo…

 Fuente: DeGerencia

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