lunes, 31 de octubre de 2011

Liderazgo para las nuevas generaciones, El camino de Steve Jobs

Puedes odiarlo o admirarlo, su estilo de liderazgo no deja indiferente a nadie, y en eso está la clave de su trabajo: Persuación, Ilusión, fascinación, revolución, obsesión, autenticidad... Steve Jobs, un personaje excepcional e irrepetible cuya trayectoria ilumina no sólo la cultura empresarial de Apple sino la de las compañías que nutren las nuevas tecnologías de la comunicación y el entretenimiento y un ejemplo a tomar por las nuevas generaciones que sabrán adoptar el valor de lo autentico.

Por: Bernabé SARABIA


En muchos aspectos este es el mejor de los libros escritos sobre Steve Jobs (San Francisco, 1955). Su autor, Jay Elliot, fue vicepresidente ejecutivo de Apple Computer y mano derecha de Jobs durante muchos años, y participó activamente en todos los lanzamientos de la compañía. Con una vida profesional vinculada al desarrollo de las computadoras, es el ejecutivo que mejor conoce la labor profesional de Jobs. Para escribir este volumen ha contado con la ayuda de William L. Simon, célebre escritor de best-sellers y autor de iCon, la biografía hasta ahora más difundida de Jobs. Otro de sus éxitos es The Art of Deception, un análisis del mundo digital escrito con Kevin Mitnick, reputado hacker.

Se abre este volumen con el encuentro entre Jobs y Elliot en un restaurante. Dos hombres solos que no se conocen pero tienen ganas de hablar. Elliot es un wasp (blanco, anglosajón y protestante) de casi dos metros, un atleta que viste como uno de esos ejecutivos de la banca. Uno de los que dejan la blackberry sobre el mantel por si acaso y, de paso, marcar distancias. Tiene, como él mismo señala, cuarenta y cinco años. Acaba de dejar su trabajo en Intel para unirse a Eagle Computer, una compañía que sale a bolsa y hace multimillonario a su CEO (chief executive officer, director ejecutivo). Ese mismo día, el CEO, para festejarlo, sale a tomar unas copas con los cofundadores de la compañía y se va directo a comprarse un Ferrari. Mientras lo prueba se estrella y se mata. Fin del CEO y de Eagle Computer. 

El tipo con el que Jay Elliot coincide en el restaurante tiene veinticinco años y no se sabe si va mal afeitado o se está dejando barba. “Un veinteañero con aspecto hippie” que ofrece trabajo a Elliot en una compañía de ordenadores de la que apenas ha oído hablar. Hay química, el azar funciona y Jobs sube a Elliot en su legendario Mercedes plateado y, con los Beatles y Police sonando demasiado alto, le explica que quiere hacer un ordenador para todos y que sea “amigable para el usuario”. 

Lo que tenemos en estas bien construidas páginas es el relato en clave autobiográfica de la vida de alguien que ha transformado las relaciones del universo digital y comunicacional con millones de personas. Esta visión desde dentro de los éxitos y fracasos de Jobs se centra sobre todo en los aspectos empresariales. De ahí que El camino de Steve Jobs tenga como subtítulo Liderazgo para las nuevas generaciones. La intención de Elliot va dirigida a que una derivada de su libro constituya una guía para futuros empresarios con vocación de innovar.

Para entender hasta dónde ha empujado Jobs a su compañía, conviene recordar que los resultados fiscales del tercer trimestre del 2011 han sido bastante mejores de lo que auguraban los analistas. Los beneficios alcanzaron en junio los 7.310 millones de dólares, cifra que duplica los 3.025 millones de hace un año. El total de ingresos alcanzó los 28.600 millones. Las acciones de Apple han seguido subiendo hasta llegar a los 395,34 dólares. En el pasado trimestre se han vendido 3,9 millones de Mac y 20,3 millones de iPhones. Del iPad 2 se han vendido 9,25 millones, casi 29 millones de tabletas desde que salieron al mercado. Añádanse las cifras de ventas del iPod y de todo el software de Apple como iTunes, iLife, Aperture o Final Cut y se irá teniendo una visión más completa de una compañía que además de vender ilusiona.

En estas páginas Elliot lo deja muy claro: Jobs no sólo sabe persuadir, ilusiona, fascina. En el largo camino que arranca en 1976, año en el que funda Apple Computer junto con Steve Wozniak y Ronald Wayne, Jobs ha sido capaz de articular una compañía cuya reputación ha sido excelente. La revista Fortune calificó a Apple como la compañía más admirada en Estados Unidos en 2008. Ese mismo año lo fue también en el resto del mundo, algo que se repitió en 2009 y 2010.

El recorrido que Elliot hace en estas páginas se rige por los distintos cometidos de Jobs en la compañía. El lector contempla en primera fila el desarrollo del ordenador Apple Lisa, un proyecto del que Jobs sería expulsado y que le llevaría a concentrarse en un producto tan revolucionario como el Macintosh, que llega al mercado en 1984, y la mítica impresora LaserWriter. Un año después estalla en Apple la disputa entre Jobs y John Sculley, al que el propio Jobs había contratado como CEO. Expulsado, Jobs crea NeXT Computer. Apple pierde fuelle y Sculley acabará en la calle. 

Como señala Elliot, en 1986 Jobs compra Pixar Image Computer, una compañía dedicada a desarrollar un hardware para grafismos. Tras años de no ganar dinero, Jobs llega a un acuerdo con Disney para producir películas animadas. De ese acuerdo procede Toy Story, un éxito de público en 1995 al que seguirán un buen número de films.

En 1996 Apple compra NeXT. Es la vuelta de un Jobs que conserva su gigantesca capacidad de innovación pero que ha ganado en madurez. Cierra proyectos y despide a gente. Al finalizar el siglo Jobs ha conseguido el mando en todas sus dimensiones. Le ayuda el viento a favor de los éxitos de la compañía. Mac OS X, los iMac y otros productos de la compañía son éxitos de ventas. La aparición del iPod, de iTunes, el software de música digital, o iTunes Store introduce a la compañía en la electrónica de consumo y la distribución musical. En 2007, Apple entra en el negocio de los teléfonos móviles con el iPhone.

En 2004, Jobs anuncia a sus empleados que tiene cáncer de páncreas y que se retira una temporada. Le extirpan el tumor y parece que se recupera. Sin embargo la sombra de su mala salud planea sobre Apple por más que aparezca en el escenario de las presentaciones de los nuevos productos. El pasado enero, Jobs -56 años- anuncia un segundo retiro médico de dos años. Hace unos días The Wall Street Journal anunciaba que el equipo directivo de Apple se estaba planteando su substitución.

Aunque Elliot ha escrito El camino de Steve Jobs desde una mezcla de cercanía y de admiración, el lector encuentra aquí y allá pequeñas críticas que dan volumen y realismo a su ameno y fácil texto. Jobs es un hombre hecho a sí mismo. Hijo adoptado que apenas pisó la universidad. En el budismo ha encontrado un estilo de vida que le consuela y acompaña. Sin embargo, su exigente perfeccionismo le lleva a posiciones de una dureza extraordinaria. 

No resulta fácil compartir con Jobs su obsesión por hacer un producto sin defecto alguno. Pese a todo, su generosidad y preocupación por los empleados de la compañía es legendaria. En todo caso, un personaje excepcional e irrepetible cuya trayectoria ilumina no sólo la cultura empresarial de Apple sino la de las compañías que nutren las nuevas tecnologías de la comunicación y el entretenimiento. Por desgracia, la traducción deja mucho que desear en su terminología y en su sintaxis, tanto que los responsables del desaguisado ni siquiera se han atrevido a firmarla.



Hambriento y audaz
Ni el dinero, ni las innovaciones, ni los magníficos balances de cuentas. Su logro mayor, según cuenta, no es otro que haber basado la vida en una vocación creativa. Steve Jobs es un hombre positivo, avezado a confiar más en el denuedo diario que en las ilusiones ideológicas. Su lema: mantente hambriento, mantente audaz. No le han faltado reveses: la adopción, el despido de la empresa por él mismo fundada, el cáncer. Lejos de desanimarlo, los contratiempos lo impulsaron a ahondar en valores que dan calidad a la persona y a culminar proyectos que han revolucionado los hábitos privados y sociales del planeta. La conciencia de la finitud le enseñó a distinguir entre lo que importa y lo superfluo, previniéndolo del dogma que supone fiar la existencia entera a los resultados del pensamiento ajeno. Siempre estuvo desnudo, sólo que, a diferencia de la mayoría, nunca lo ha ignorado. Fernando Aramburu

Fuente: El cultural 

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