miércoles, 13 de julio de 2011

El líder de las sinergias


En la función directiva podemos encontrar una serie de actividades relacionadas con el liderazgo a las que deberíamos prestar especial atención por su capacidad de influir en los equipos de trabajo.

Por desgracia no todos los directivos se preocupan por desarrollar las funciones que podrían convertirles en esos líderes que necesita toda organización humana y en su lugar se transforman en lo que ellos desearían ser.

Según se dé este interés podremos definir dos tipos de dirección, la orientada a las órdenes y la dirigida al sentido. Introducir órdenes en una organización humana no es equiparable a hacerlo a un sistema mecánico o informático pues entran en juego dos importantes factores inherentes a su naturaleza: la motivación y el sentimiento.

En esta materia el directivo no solo tiene que ser capaz de discernir lo mejor para la empresa sino también debe saber transmitirlo a su equipo pues las personas trabajamos mejor cuando conocemos el sentido o el fin de nuestras acciones.

El líder y el que se cree líder

El liderazgo no es ni un lujo ni un estatus. Es una función que no solo está presente en los directivos pero que estos, por su posición en la empresa, deben desarrollar para apoyar el trabajo de los empleados.

El verdadero líder logra el respeto mediante la ayuda, el ejemplo, la inspiración, la visión y el beneficio común. El que se cree líder lo busca mediante la imposición, el control, las “alucinaciones”, el aprovechamiento y el beneficio propio.

Las diferencias son evidentes pues el verdadero líder utiliza y gana su influencia para beneficiar a los individuos ayudándoles a cumplir los objetivos de la organización y no los utiliza para lograr sus propias metas.

En este aspecto el carisma queda en un segundo plano y tendría mucho más valor para aquellos directivos que pretendan vender humo. Los valores realmente útiles se basan en la comunicación, la cercanía, el esfuerzo, la humildad y el trabajo.

El directivo que se cree líder no se rodea de los mejores sino que los hunde como si fueran competencia, no quiere a nadie que pueda eclipsar su “aura” y se erige como el responsable de los éxitos y la víctima de los fracasos, algo que no solo les aísla y les puede provocar estados de ansiedad sino que además se contagia a todos los niveles de la empresa.

Los líderes buscan la confrontación, la diversidad de opinión y la colaboración. Entienden que no tiene sentido que todos le den la razón sin más y establece las vías necesarias para mejorar la honestidad del grupo. ¿Nos damos cuenta de que existen más personas que se creen líderes que verdaderos líderes?

La soledad del líder

¿No resulta paradójico que hablemos de la soledad del líder cuando le describimos como una figura próxima a los equipos de trabajo? El directivo se enfrenta a muchos vacíos y problemas que no son compartidos con el resto de miembros.

El hecho de que el líder esté demasiado próximo al grupo aumenta las presiones que le afectan y en muchos casos serán contrarias a las necesidades de la empresa.

Mantener la visión objetiva de los problemas hará que los directivos mantengan un liderazgo moderado o limitado llegando en muchos momentos a no hacer uso del mismo en la toma de decisiones y es que si hay algo más difícil que crear un líder es mantener un modelo de liderazgo estable.

Aún así los beneficios de desarrollar algunas habilidades de liderazgo en la empresa son positivas siempre que se entiendan correctamente como labores destinadas a comunicar, motivar y facilitar la consecución de los resultados empresariales.

Fuente: BlogdeSage

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