lunes, 28 de marzo de 2011

Líderes obcecados: ¿líderes condenados?

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Las organizaciones poseen una raíz humana que puede marcar su desarrollo de manera determinante. Una de las características que más se suelen valorar en un profesional es su capacidad por seguir adelante tras las dificultades pero esto puede convertirse en un problema cuando se obvian otras posibilidades no contempladas inicialmente para resolver los problemas y se obsesionan en que funcione la estrategia “equivocada”.

Los fracasos deben estudiarse para adaptar la técnica en lugar de repetirse de forma obstinada hasta que “algo acontezca”. Si en puestos de dirección encontramos a profesionales obcecados podemos esperar bastantes problemas derivados que marcarán el clima laboral y posiblemente el devenir de la compañía.

No ver más allá de la idea original

Un profesional obstinado es una persona que, teniendo la capacidad de oír alternativas, no puede procesarlas con objetividad. El evidente problema de comunicación resultante puede terminar desmotivando a los trabajadores lo cual desembocará en una participación futura muy baja en los procesos comunicativos de la organización y en la resolución de problemas. De este modo se limitará la independencia de los trabajadores y la empresa perderá flexibilidad, motivación y valores creativos.

Cuando no se proveen flujos formales por los que canalizar la información (o estos son deficientes) esta se mueve mediante procesos informales en los que la información se deforma al no tener una aplicación real. Las alternativas, por tanto, entran en un canal inestable.

Esto puede llevar a la creación de rumores y por tanto a problemas de liderazgo que pueden empeorar la situación. Llegará un momento en el que a los trabajadores no les importará si sus alternativas son efectivas sino que buscarán confirmar que “el jefe está equivocado”.

Además de este efecto inevitable no es extraño que a raíz de la tozudez surjan problemas derivados del fracaso continuo al utilizar un método determinado. El desgaste de los profesionales puede venir acompañado por la multiplicación de gastos destinados a fortalecer una estrategia moribunda además de perder competitividad, tiempo e incluso productividad.

Abrir la mente y reconocer que el error es posible

Es importante que los profesionales tengan la mente abierta y basen sus estrategias en resultados y estudios razonados de forma coherente. La colaboración es un factor importante a la hora de desmoronar los actos obsesivos pero igualmente puede existir el efecto contagio en base a una falta de liderazgo efectivo que sepa reconducir la situación.

Creo que un líder debería controlar y moderar las ideas para luego analizar y gestionar los resultados pero si esta persona es la única que juzga y ejecuta podremos encontrar un resultado muy humano y por tanto se tenderá a la imperfección.

Las personas contamos con un mecanismo interno mediante el que intentamos justificar nuestros errores sin asumirlos, lo cual puede producir un comportamiento perjudicial para nosotros mismos y para quienes nos rodean si no se controla adecuadamente.
No es extraño encontrar empresas al borde del abismo por la obsesión y la falta de miras. En muchos de estos casos los trabajadores creen conocer las soluciones al problema pero el administrador ha menospreciado la colaboración y ha terminado cerrándose en sí mismo. Sin una estructura, además, esas supuestas soluciones posiblemente sean inútiles y estén poco razonadas lo cual puede ser definitivo para que el conflicto se perpetúe.

La gravedad de la situación puede llevarle a la desesperación y en esas circunstancias es muy improbable que se tomen decisiones correctas.

Tenemos que reconocer que podemos equivocarnos y que posiblemente sea el punto más probable sobre el que tendremos que trabajar. En base a esto también tenemos que tener en cuenta una premisa muy importante: “los demás también pueden tener razón”

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