lunes, 3 de enero de 2011

Lenin: contradicciones de un líder

lenin[1].jpg (649×854)El ser humano encierra una continua contradicción vital. Dentro de nosotros llevamos lo mejor y lo peor. El esfuerzo personal y el entorno facilitan o dificultan que hacia el exterior se vuelque lo sublime o lo abyecto. 

Por Javier Fernández Aguado

En las siguientes líneas condenso a vuelapluma algunas enseñanzas y contraenseñanzas de una persona que ha marcado la vida de millones: Vladimir Illich Ulianov. 
La denominación de líder para Lenin no está exenta de polémica. Quienes introduzcan el concepto de ética entre las cualidades de un líder, rechazarán ese calificativo y preferirán el de alborotador. Quienes empleen el término líder para calificar a quien ha transformado significativamente su entorno, Lenin lo será.

ALGUNOS DATOS

Vladimir nació en 1870, en Simbirsk. El primer hecho que marcó su existencia fue la ejecución de su hermano Alexandre, en 1887. Éste estaba involucrado en la preparación de un atentado contra el zar. Aunque se pidió clemencia al monarca, éste la denegó. 
En 1895 fundó la Unión para la Lucha por la Liberación de la Clase Obrera. Ésta y otras actividades le llevaron al destierro. Lo encontramos en 1899, en Siberia, escribiendo El desarrollo del capitalismo en Rusia.
Los partidarios de la monarquía prefirieron facilitarle el exilio a Suiza. Tras recorrer diversos países de Europa en busca de acomodo para sus actividades revolucionarias, en 1903 encabeza la sección ‘bolchevique’ del Partido Socialdemó-crata.
Los alemanes, durante la IGM, consideran de interés ‘regalar’ a Rusia al revolucionario, y le facilitan el viaje. No se equivocaron en sus cálculos –hablados previamente con Lenin-, y en 1917 co-lidera la revolución. Pero no todo el mundo estaba de acuerdo, y en 1918 sufre uno de los atentados que diferentes grupos intentaron. Un año más tarde, promueve la III Internacional, y en 1922 proclama La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Cumplido su sueño, fallece en Gorki en 1924. 

RAZONES PARA EL ÉXITO

Múltiples fueron éstas. Tengo analizadas hasta un total de veinticinco. Me limito a mencionar cinco: 
Lenin fue un trabajador incansable. Desde muchos años antes de encabezar la revolución, algunos de sus colaboradores le auguraban el éxito porque –aseguraban- ‘piensa 24 horas al día en la revolución. Gorki llegó a asegurar que lo único que realmente le importaba era la carrera política que tenía ante él. Pero no se quedaba su afán en mera actividad. Particularmente en los meses de estancia en Siberia dedicó múltiples horas al estudio. 
Su audacia era proverbial. Cuando el 3 de abril de 1917, todos los grupos del incipiente parlamento (luego por él uniformizado) reciben el reto de hacerse con el poder en medio del caos en el que se encontraba, él respondió: “nuestro partido está dispuesto a tomar el poder en este momento en su totalidad”. Poco antes, eran apenas 26 sus interlocutores en Rusia, mientras él aún vivía en Suiza. 
Aprendió también, cuando era preciso (y con expresión italiana) “a farsi il morto”. Cada vez que consideraba que no estaba en condiciones de dar la batalla, y con la excusa de estar cansado, se retiraba de vacaciones.
Fue un maestro de la utilización del lenguaje a su favor. Frente a Martov empleó el término bolchevique (mayoritarios), y -¡lo que es más sorprendente!- su opositor lo aceptó cuando en realidad los nombres no eran reflejo cierto de las cifras de apoyo a cada uno. Con el tiempo, sus sucesores más o menos directos han seguido empleando esa capacidad manipuladora: adueñándose –nadie sabe por qué- del adjetivo progresista.
La I Guerra Mundial fue su gran oportunidad. Un líder puede serlo, pero tiene que encontrar las coordenadas adecuadas. Para Lenin, aquel conflicto supuso el comienzo de su ascenso definitivo a los puestos de poder a los que aspiraba. 

CONTRADICCIONES

A pesar de lo claro de su objetivo y de poner todos los medios, a todas horas, para lograrlo, Lenin era un comodón. A lo largo de su vida lo manifestó en múltiples ocasiones. Para empezar, cuando exigió que en el tren que le conducía a Siberia tuviera un vagón más para que él pudiese viajar en mejores condiciones. Nunca, en los miles de trenes que él ordenaría con ese mismo destino permitió que nadie tuviese las comodidades que él exigió y... logró. Lo mismo sucedió en sus hábitos personales cuando ya encabezaba la revolución.
Falta de lealtad. Tanto en su vida personal como en su actividad política, Lenin puso siempre por delante objetivos a personas. Los demás no dejaban de ser instrumentos de sus metas. En lo personal, por ejemplo, viajaba siempre con su esposa y su amante. Con frecuencia bromeaba: ‘Lo malo de ser bígamo es que uno tiene dos suegras’. En lo político, nunca le importó liquidar a sus opositores, aunque previamente hubiesen sido cercanos colaboradores.
Fue siempre brutal con los opositores. Así, en agosto de 1918 escribió: “el interés de la revolución exige... que se ejemplarice:
1.- colgar (colgar sin dudar, que todo el mundo lo vea) no menos de un centenar de personas conocidas como kulaks.
2.- publicar sus nombres.
3.- quitarles todo su trigo.
4.- designar “rehenes”.

CONCLUSIONES

Como casi todos los fundadores de una utopía, abandonó al ser humano en beneficio de la entidad abstracta “humanidad”. Ante el eterno dilema de si las organizaciones han de estar o no por encima de las personas, él siempre juzgó que debería ser así. Salvo una excepción: él mismo se reservo la mejor parte... Lenin, con sus contradicciones vitales, dejó claro que hay demasiado revolucionario que pretende cambiarlo todo menos a sí mismo. 
¡Ojalá seamos de aquellos que intentamos mejorar las cosas tras haber modificado nosotros, hacia mejor, nuestros comportamientos!.

Fuente: Eexcellence

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