jueves, 23 de diciembre de 2010

¿Liderazgo en un equipo de béisbol?

Ante insatisfacciones con los enfoques y sistemas conceptuales que prevalecieron en el “management” hasta los años setenta del pasado siglo XX, los especialistas empezaron a buscar en otras “ciencias más maduras”, enfoques y experiencias que pudieran emplearse en la gerencia de las organizaciones, para enfrentar los nuevos retos que plantean los cambios que se han producido en el entorno en el que se mueven las organizaciones.

Por: Alexis Codina 

Consecuente con esto, se han “re-estudiado” obras y campañas de clásicos militares. Alejandro Magno, Clausswitz y Sun Tzu han estado entre los más “consultados”. En trabajos anteriores hemos comentado algunas enseñanzas que han extraído los especialistas de estos.

Otra esfera a la que han acudido es el deporte. Pat Riley, famoso entrenador de equipos de baloncesto que han sido campeones de la NBA, es bastante citado. En su libro: “Forjador de Exitos. Cómo optimizar el trabajo en equipo”, relata enfoques y prácticas que condujeron al éxito a los equipos que ha dirigido, incluyendo citas de jugadores famosos como Magic Johnson, que pueden asimilarse perfectamente en las prácticas gerenciales.

Acudir a “managers” de equipos deportivos exitosos, para conocer “qué hacen y cómo para alcanzar el éxito”, es especialmente atractivo para los investigadores. Como se expresa en la cita que encabeza este artículo, si en algún tipo de actividad el “trabajo en equipo” y el “liderazgo”, -dos de los temas gerenciales más recurrentes- son habilidades fundamentales para lograr el éxito, es en la conducción de equipos deportivos. Una de las fuentes principal del llamado “coaching”, una de las herramientas gerenciales más difundidas en los últimos años es, precisamente, las prácticas de entrenadores deportivos, de donde toma su nombre. 

Por eso, me resultó interesante una entrevista que le hicieron al “manager” (“mentor” le decimos en Cuba) del equipo “Santiago de Cuba”, ganador del play-off con que concluyó la 46 Serie Nacional de Béisbol en Cuba. Los juegos finales se disputaron entre este equipo y el de “Industriales”, integrado por peloteros de Ciudad de La Habana, un “Super Clásico” en el deporte nacional de la isla, el equivalente caribeño de los encuentros del Real Madrid vs. Barcelona, en el fútbol español; o del Boca Junior vs. River Plate, del argentino.

Antes de presentar un extracto de la entrevista, es necesario alguna información introductoria. Antonio Pacheco, el mentor del equipo de “Santiago”, durante varios años fue seleccionado para integrar el “Equipo Cuba”, con el cual ganó varios campeonatos mundiales, olimpiadas, juegos panamericanos, entre otros eventos internacionales importantes. Se caracterizó, no sólo por sus cualidades deportivas, sino también por su disciplina y caballerosidad, en el terreno y fuera de éste, con sus compañeros de equipo, árbitros y contrincantes. Todo esto le ganó el reconocimiento de llegar a ser el “Capitán del Equipo Cuba” en varias oportunidades. Por tanto, su trabajo como mentor, estaba precedido por lo que los especialistas en liderazgo llaman “Poder de Referencia”, que Robbins define como “comportamientos o características personales de alguien que son admirados por otros”. Además, del “Poder de Experto”, por sus reconocidos conocimientos y experiencia.

El liderazgo de Pacheco

“Si algún extranjero hubiera aterrizado a las 10:00 am en el terreno de la Ciudad Deportiva el miércoles 25 (días en que se jugaba el play-off) se pondría las manos en la cabeza: ¡ponerse a correr y tirar pelotas bajo este sol!. Pero este es el equipo de Santiago. Sus 30 hombres continúan su entrenamiento chorreando sudor “de la cabeza a los pies”- expresa el periodista Sigfredo Barros.

“Al frente de ellos, un hombre alto y corpulento, con pinta de atleta, imparte instrucciones. Antes me había dicho: “Dame uno minutos para organizar el trabajo y enseguida estoy contigo”. Cumplió su promesa como todo un caballero y ya estoy a su lado, afortunadamente, porque Pacheco habla muy bajito, casi sin gesticulaciones, sin mover las manos, escuchando atentamente cada palabra”.

"Algunos dicen que eres un mentor pasivo". – Le pregunta el periodista.

“Sí, he escuchado eso y me alegra que me lo preguntes. Yo soy así, tengo un temperamento tranquilo, además, una convicción: yo no puedo ofender a un atleta porque se le vaya un rolling, o se ponche con las bases llenas. Fui jugador y eso me pasó a mí también, por tanto sé cómo uno se siente en ese momento. Más que un regaño, lo que se necesita a esa hora es un consejo y un brazo echado por encima del hombro”.

Lo que sí no permito son indisciplinas de ningún tipo. Nadie puede llegar tarde a un entrenamiento, o a coger la guagua (así le dicen al ómnibus en Cuba). Hace dos años tuve que sacar del equipo, con dolor de mi alma, a Rey Isaac. En el último juego de la final ante Industriales, en abril pasado, no alineó Mustelier por una falta. Muchos me criticaron, pero miren ahora cómo rindió”.

¿Si tuvieras que dirigir el Equipo Cuba?.

“Representa una gran responsabilidad, mucha presión popular, y tienes que trabajar con hombres distintos (procedentes de diferentes equipos), algunos hechos, otros no. Es un compromiso muy serio con todos los cubanos, con la Patria, que yo asumiría como siempre he hecho cada vez que me han asignado una tarea. Pediría que me dejen escoger el “equipo de dirección”, aquí he tenido uno con el cual trabajé a las mil maravillas y en armonía”.

“Finalmente, Pacheco se despide y trota hacia el terreno, para compartir el intenso calor con sus muchachos. Así también los respeta”. –concluye el periodista.

Enseñanzas principales. 

Utilicé esta entrevista en un Taller sobre “Liderazgo”, con dirigentes de una empresa cubana. Cuándo les pregunté “¿Cuáles son las enseñanzas principales que ustedes pueden extraer de esto?”, respondieron lo siguiente:

La autoridad de Pacheco, por sus resultados como deportista y su conducta, le otorgan una influencia importante en el colectivo que dirige.

El comportamiento y compromiso de sus “seguidores”, dispuestos a realizar el entrenamiento, a pesar de las condiciones agotadoras que imponía el clima.

Su preocupación por “impartir instrucciones y organizar el trabajo”, antes de ocuparse de la entrevista.

Su sensibilidad y comprensión con la gente que dirige. En los momentos “difíciles”, se convierte más en un compañero, que en un jefe.

La utilización de consejos y comprensión (empatía), en lugar de reprimendas, cuando tienen algún percance en su desempeño.

Su exigencia ante la disciplina, que es un “valor” importante que debe preservarse (y exigirse) para garantizar la moral del equipo, su cohesión y la autoridad del jefe.

Para preservar la disciplina, no tiene reparo en imponer sanciones “con dolor de su alma” que, a larga, han dado resultados positivos. La gente reacciona y se supera, lo que demuestra el carácter educativo de las sanciones, cuando se aplican correctamente.

El alto sentido de compromiso, ante una responsabilidad que le asignen.

La importancia que le concede a la integración y armonía del “equipo de dirección”.

Compartir con su “gente” los rigores e incomodidades del entrenamiento, continuar siendo un ejemplo de comportamiento, lo que refuerza su autoridad e influencia y, con esto, los compromete.

Una conclusión general a la que llegaron es que “estos son comportamientos deseables para un liderazgo efectivo”. 

Fuente: degerencia.com 

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