jueves, 11 de noviembre de 2010

Los modelos mentales


Escribir sobre modelos mentales es quizá una tarea difícil por tratarse de un componente abstracto de nuestra mente, sin embargo, cada día se hace más importante hablar de ellos pues forman la base principal de nuestro comportamiento humano y determinan la forma en que interactuamos con los demás.

El término “modelo mental” hace referencia al conjunto de creencias, supuestos o principios que una persona tiene con respecto a algo, a alguien del mundo real que le rodea. Este algo puede ser un objeto tangible como un automóvil, una computadora; o un conjunto de objetos y/o personas como los muebles de la sala, la casa o la ciudad. Puede ser también referido a una persona en particular o a algún animal como las creencias sobre lo que son los gatos, los perros o los tigres. Pero también puede ser referido a roles o papeles que juegan los seres humanos como el jefe, el gerente, el vendedor, el mensajero, el presidente o a conceptos más abstractos como el tiempo, el amor o Dios. Para cualquiera de todas las realidades que nos rodean y con las que interactuamos a lo largo de nuestra vida, nos formamos creencias que nos permiten reducir la incertidumbre que provoca lo desconocido para hacerlo conocido y certero en función de lo que creemos es y significa. Así una persona puede creer que “ser el gerente de una empresa puede ser lo mejor que puede pasarle en su vida a un profesional” mientras que otras pueden creer que “ejercer el puesto de gerente es de las tareas más complejas y menos deseables y suponer que un profesional preferiría ser un exitoso comerciante a gerente”. O alguien más podría creer que “los gatos son los animales más molestos que existen de entre las mascotas” y quizás un amante de estos animales sostenga que “es el animal doméstico más cariñoso y amigable de todos”.

Sin embargo, todo modelo mental puede consistir de múltiples creencias la mayoría de las cuales se derivan de unas pocas que determinan a las demás y todas ellas a la vez determinan nuestros comportamientos haciéndonos actuar de manera coherente, así, por ejemplo, “el creer que el estudiar en el sistema educativo formal y obtener los títulos de acreditamiento correspondientes es vital para obtener mejores puestos de trabajo” nos estimula para inscribirnos y hacer el esfuerzo necesario para alcanzar las metas educativas. No sería posible hacer esto si nuestra creencia estuviera basada en el supuesto que “estudiar es una pérdida de tiempo si lo que necesitas para vivir y triunfar se aprende directamente a lo largo de la vida”.

Con estos ejemplos vemos que lo que hacemos cada día está totalmente determinado por lo que creemos al respecto de lo que hacemos y lo que rodea a eso que hacemos. Hablamos de “modelos mentales” en plural por que cada conjunto de creencias que tenemos sobre las diversas cosas pueden combinarse de acuerdo a los sucesos o hechos concretos que nos pasen en la vida, así, por ejemplo, si la persona que mantiene la creencia de la importancia del estudiar para obtener mejores trabajos cree también que “las personas que no son sinceras son seres humanos dignos de odiar y esquivar para evitarnos problemas en la vida”, puede cambiar sus comportamientos si se encuentra que la mayoría de los docentes del centro educativo en el que estudia “no son sinceros pues enseñan en las clases magistrales algunos temas que motivan estudiar pero que posteriormente no incluyen en las evaluaciones que realizan” pudiendo llevarle a desistir en sus esfuerzos de estudio o cambiarse a otro centro educativo.

No podemos evitar tener modelos mentales, estos cumplen su misión de simplificarnos la vida para evitarnos la incertidumbre que conllevan las cosas nuevas pero a la vez nos limitan a poder ver más allá de lo que nuestras creencias sostienen. Lo mejor es aceptar la existencia de nuestros modelos mentales y dado que las creencias que los componen han sido creadas por nosotros mismos de acuerdo a nuestras primeras experiencias que sobre cada realidad hemos tenido, debemos cuestionarnos siempre si estas creencias reflejan realmente la realidad misma a la que hacen referencia o bien si son sólo la forma en que hemos preferido ver una realidad en particular. Hay que recordar aquí la objetividad que establece ver la realidad que nos rodea en función de los hechos o sucesos posibles de demostrar, ser objetivo es no dejarse llevar por sus propios modelos mentales, sin embargo, la mayoría de las veces somos subjetivos, es decir, nos basamos principalmente en nuestras creencias para actuar y damos menos importancia a los hechos.

Desarrollar la habilidad de auto-cuestionar frecuentemente nuestros modelos mentales nos puede hacer sensibles para ver las limitantes de nuestras creencias y agregar a ellas otras creencias que nos hagan posible admitir las diversas manifestaciones de las realidades que nos rodean. En este sentido sería recomendable que cada vez que finalicemos una actividad, que pasemos una experiencia o lleguemos al final de cada día, cada semana o cada año nos tomemos un tiempo para nosotros para evaluar lo que a sido tal experiencia y nos auto-cuestionemos en los siguientes aspectos:

¿Por qué actué así como lo hice?
¿Obtuve los resultados que buscaba o no?
¿Si obtuve los resultados buscados por qué fue posible? ¿Si no los obtuve por qué fue así?
¿Qué creencias personales determinaron mi comportamiento? ¿Por qué he creído eso? ¿Desde cuando lo creo así?
¿Puede haber una forma diferente de creer en ello?
¿Qué creencias puedo ver detrás de los comportamientos de las otras personas que interactuaron conmigo en tal experiencia? ¿hay diferencia? ¿hay similitud?

Esta lista de auto-cuestionamientos no es exhaustiva, sin embargo, es un buen punto de partida para iniciar la tarea de profundizar en nuestros modelos mentales, con el tiempo y la práctica de esta habilidad podremos llegar a comprender nuestras propias creencias y ajustarlas a nuestra realidad para alcanzar los objetivos que buscamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario