lunes, 28 de junio de 2010

EL PARADIGMA DEL LIDERAZGO: DE LA VISIÓN MESÍANICA A LA SINÉRGICA


Al hablar de liderazgo se suele hacer énfasis en la capacidad individual que todas las personas poseen para ejercerlo. Todos, sin excepción, pueden desarrollar, perfeccionar o fortalecer esta competencia, la cual resulta sumamente exigida en el competitivo mundo de hoy.
Este tema ha sido abordado muchas veces y desde múltiples ángulos por variados autores, enriqueciendo con sus opiniones la visión e importancia que esta herramienta imprime en la gerencia empresarial y, sobre todo, en la administración del recurso humano.
Como competencia, el liderazgo es señalado en los requisitos que acompañan el perfil profesional al realizarse una búsqueda. En fin ¿quién no ha escuchado hablar del él?
Sin embargo, poco se ha hablado del paradigma que se ha creado en torno al líder y lo que ha impedido, de alguna manera, la observación de su influencia desde una perspectiva menos ortodoxa.Al parecer, el liderazgo es un talento demostrado con tanta antigüedad que precisar sus inicios resultaría en este momento innecesario, sin embargo no cabe duda que una de sus expresiones quedó de tal manera grabada en la memoria humana que aún hoy persiste dominando su visualización, y se trata principalmente del aspecto religioso.
Por siglos la sociedad se encontró regida por los movimientos teocráticos, de manera directa o indirecta, oculta o plenamente visible, la cual cultivó la necesidad de seguir los señalamientos exigidos por el líder. Justamente es en el uso singular de esa expresión que se encuentra enmarcado ese paradigma dominante antes mencionado.
Al observarse las culturas religiosas, independientemente de sus tendencias, se advierte el predominio de un sólo individuo sobre los otros. Un ejemplo de ello está presente en los cultos politeístas del viejo continente: Odín en la cultura Nórdica, Zeus en la Griega y Júpiter en la Romana, sólo para nombrar algunas; y en las monoteístas el patrón es el mismo: Jesús para la Cristiana, Mahoma para la Islámica y Buda para gran parte del oriente, siendo la única diferencia que estos últimos nombres se asocian a quienes ejercieron el liderazgo de la doctrina en representación de Dios. El anterior principio también se observó de manera predominante en la concepción del estado y la conformación de milicias, siendo sus expresiones más comunes el establecimiento de monarquías o regímenes autocráticos donde el poder y la dirección de un país, pueblo o legión se concentraba en una sola persona, aun cuando, en algunos casos se delegaban funciones de supervisión.
Sin pretender iniciar un proceso complejo de paralelismos, puede apreciarse a lo largo de la historia que esa tendencia, orientada a resaltar el predominio individual sobre el colectivo, se extendió de formas diversas identificándose de manera inmediata con el ejercicio del liderazgo, independientemente de su condición natural o impuesta, así surgieron lideres en diversas expresiones sociales, culturales, políticas, militares y económicas, quienes desde su posición se adjudicaron un número importante de seguidores o simpatizantes.
Con la llegada los cambios políticos y sociales, de la industrialización, las guerras, y otras expresiones de transformación, esa asociación del líder con el individuo fue traducido casi textualmente a las organizaciones y éstas la adoptaron sin dificultad. Pero ¿acaso, en realidad, el liderazgo se trata de una actitud individual? ¿es esa la forma en que debe ser entendido y transmitido? ¿existirá la posibilidad de estar cegados por la acción de un paradigma?.


Por: Félix Socorro
Fuente: Sappiens.com

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